Me corrí en el asiento para que se pudira sentar un travesti. Quedé a la par de la ventanilla, con las piernas recogidas por la altura del túmulo que onduleaba una de las llantas traseras (incomodidad por la que al principio me hallaba a un lado del corredor) y con las miradas de la mitad de los tripulantes acediándome.
Lo vi parado, solitario y en desafiante actitud ante el morbo de todos los demás, y dije: ¿por qué no correrme a un lado para cederle un asiento? Me importa un bledo lo que vayan a pensar los que me rodean -de seguro la crema innata de la sociedad-; ¡yo quiero hacerlo!
Y justo, al instante todas las miradas se revirtieron hacia -ahora- nuestro asiento. ¡Qué me estorban ciertas personas en este país! Y, créanme, que en este caso no era el que estaba a mi lado sino los que miraban discriminándome, o mejor dicho, discriminándonos, lo que me estorbaban.
Me rebota la actitud de ciertga gente ignorante. Sinceramente, me estorban. ¿por qué no se hacen un bulto y se acomodan en otra parte, por ejemplo, en un época distante donde todavía sea la Igleia la que dictamine el orden en la sociedad (aparentemente reflejo del orden en el cielo... ¡A mí que me decomisen mi boleto de viaje ahí!) y el ambiente era oscuro y mohoso?
De todas las personas se puede algo aprender, como de ellos, que mantienen con tanto gallardía lo que son y lo que sienten que deben ser.
Por veces, siento que no solo vivo en un país donde coexisten dos países diferentes a la vez, un país de color blur y un país de color tortilla, sino también dos épocas diferentes, la época de "conmigo o contra mí" y la época de "Entre amigos".
¿Hasta cuando seremos libres y dejaremos de fijarnos en el color, la raza, el credo y todo lo demás que esta trillada frase dice y todos saben pero que pocos siguen? Por veces es bueno preguntárse qué tantos fantasmas y esquemas acarrea uno. Por veces es bueno depurar nuestra equipaje de viaje. Por veces es bueno caminar sin tanto equipaje.
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